¡OLE TUS HUEVOS! (2ª parte)

maridaje-vinos-y-carnes

¡OLE TUS HUEVOS! (2ª parte)

Hemos elaborado la segunda parte de esta “saga”, por las demandas de varios de nuestros seguidores más fieles en Facebook.

Decíamos en la primera parte de esta entrada a nuestro blog, lo bien que casó el Mano a Mano 2010, con los huevos rellenos que con tanto cariño nos preparó Desi como primer plato. Y adelantábamos también, que el otro vino que tenía preparado Mariano para el segundo plato, difería mucho del primero.

Pues bien, como ya íbamos lanzados teniendo aún en el paladar el recuerdo de los sabores antes mencionados, nuestros ojos estaban puestos en la fuente que se acercaba conteniendo un solomillo de ternera a la naranja, que nuestra anfitriona y miembro de nuestro equipo de cata había preparado. Sólo con oler aquella fuente humeante conteniendo esas viandas, nos temblaban los dedos de las manos antes de coger los cubiertos. Fue entonces cuando Mariano sirvió el vino de la segunda botella.

En cuanto vimos el color teja que mostraba el vino que se deslizaba por la copa con suma elegancia, empezamos a pensar que no estábamos ante un joven inquieto y fogoso, sino ante un experimentado veterano.

Su aroma era capaz de penetrar las entrañas y, como dijo uno de nosotros, “me alimenta sólo el olerlo”. Cuando lo probamos, a algunos de nuestros miembros del equipo de cata, las cejas se le juntaban con el flequillo y las orejas se le desplazaban verticalmente por el lateral de la cabeza. La armonía con el solomillo era tal que se complementaban y potenciaban para mostrar lo mejor de cada uno. Justo cuando estábamos comentando esta fantástica unión, uno de nosotros, el protagonista de ¡Ole tus huevos! primera parte, se levantó se fue a la cocina y volvió con… ¡un plato de los huevos rellenos que habían sobrado! Y nos dijo:

“Tengo que probar este vino con los huevos” A lo que los demás contestamos: “Qué incómodo te va a resultar eso, chico, ¡Ja ja ja ja!”

Estábamos todos estupefactos viendo cómo cerraba los ojos y saboreaba vino y huevos, huevos y vino, hasta que exclamó dirigiéndose a nuestra anfitriona: “¡Ole tus huevos!”

P.D.: No, no se nos olvidaba, lo hemos hecho para mantener la intriga hasta el final. El vino sorpresa era… Viña Tondonia Reserva 1986.

 

0 Comentarios

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*