¡OLE TUS HUEVOS! (1ª parte)

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Ayer nos reunió Mariano porque tenía preparado otro experimento. Cuando nos convocó, me vino a la cabeza la imagen de alguien a quien le comunican que va a ser objeto de un experimento y el pobrecillo se echa a temblar. Nosotros, en cambio, cuando Mariano nos anuncia uno de sus “experimentos”, sentimos que nuestras glándulas salivales empiezan a secretar con tan sólo pensar lo que nos espera.

Cuando nos sentamos a la mesa, vimos que había 2 botellas cubiertas con papel aluminio y nos dijo que llevaban ya una hora oxigenándose. Uno de nosotros, impaciente ante tanta intriga, le dijo que le permitiese oler la botella para atisbar algo de su contenido. La respuesta de Mariano fue un rotundo NO.

-“Lo olerás en la copa”, le respondió.

Eso no hizo más que acrecentar nuestra incertidumbre y proporcionar más trabajo a nuestro estómago y a sus jugos gástricos.

Fue entonces cuando nos sirvieron el primer plato: huevos rellenos, obsequio de Desi. No se me olvida la cara que puso uno de nuestros miembros del equipo de cata, según llegaba la fuente repleta de aquellos: sus párpados no tenían ya más recorrido y los ojos se le salían de las cuencas… claro, Mariano era conocedor de su debilidad por este plato y tenía esta sorpresa preparada.

Servidas las copas y hecho el brindis inicial, nos pusimos manos a la obra y se nos caían las lágrimas al probar los “huevos de Desi”, hechos con tanta finura en la cocina. Como siempre ha dicho uno de nuestros catadores, se nota cuando algo está hecho con cariño y pensando en que disfruten aquellos que son el objeto del mismo.

Lo cierto es que los huevos rellenos casaban estupendamente con el vino, que tenía “un aire” muy fresco; no consideramos que tuviera un carácter muy frutal pero sí que su fruta era muy interesante y bien casada con la madera, que alguno comentó “no estaba pronunciada, si bien muy ajustada”. Realmente, no podemos decir que el vino fuese algo fuera de lo normal, pero era muy agradable de beber y se defendía extraordinariamente bien con los pimientitos (asados aparte) y las gambitas que llevaban los huevos y con la mayonesa.

Llegó, pues, el momento de destapar la botella y… ¡sorpresa! Se trataba de Mano a Mano 2010. Una grata impresión. Por unanimidad, decidimos incluirlo en MiraQuéVino.

La cosa no acaba aquí. Porque, para el segundo plato, Mariano tenía preparado un vino muy diferente a este Mano a Mano; pero esto será objeto de otro capítulo dentro de nuestro blog…